Las cosas inútiles que siguen perteneciendo a la casa

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Quico

Después de encontrar aquella factura de la luz de 1994 me propuse ordenar el cajón.

No era una gran tarea. Sacarlo todo, tirar lo que no servía y devolver el resto de una forma que permitiera encontrar algo la próxima vez.

Media hora como mucho.

Eso fue hace varias semanas. El cajón sigue igual.

Dentro están las llaves antiguas, la cinta métrica rota, unas pilas que seguramente llevan años gastadas y varios manuales de aparatos que ya no existen. También guardé la factura de la luz que encontré en el cajón aunque no haya ninguna razón práctica para conservarla.

El problema no es que me cueste tirar cosas. He vaciado despachos enteros. Después de treinta años como abogado aprendí que casi todo el papel que parece importante termina dejando de serlo. Expedientes cerrados, copias de copias, cartas que nadie volverá a leer. Al final llega una destructora o una furgoneta y aquello que ocupaba una pared desaparece en una tarde.

Con este cajón es distinto.

Muchas de las cosas que contiene no son mías. Ya estaban aquí cuando llegué. Algunas debieron de pertenecer a la última familia que vivió en la casa. Otras quizá llevaban más tiempo.

Las llaves son lo que más me intriga.

Hay cinco o seis. Ninguna abre las puertas actuales. Lo he probado. Una es demasiado pequeña y otra tiene una forma que ya casi no se ve. Podrían ser de un armario, de una puerta exterior que fue sustituida o de algún candado perdido hace años.

No lo sé.

Podría tirarlas sin que cambiara nada. Mañana la casa abriría y cerraría exactamente igual. Aun así, cada vez que las cojo termino devolviéndolas al cajón.

Con la cinta métrica ocurre algo parecido. Está rota cerca del principio y se atasca cuando intentas recogerla. Como herramienta es bastante peor que no tener ninguna porque consigue darte una medida incorrecta con una seguridad sorprendente.

Tengo otras dos que funcionan.

La rota se queda.

Supongo que hay objetos que dejan de ser útiles pero no terminan de convertirse en basura. Se quedan en una especie de territorio intermedio. Nadie los necesita y nadie se decide a echarlos.

En una casa nueva probablemente resultarían molestos. Aquí parecen ocupar su lugar.

La masía está llena de pequeñas cosas así. Un gancho en una pared donde ya no se cuelga nada. Un clavo encima de una puerta. Un trozo de madera guardado detrás de la despensa porque encaja en algún sitio que todavía no hemos descubierto.

Al principio preguntaba para qué servía todo.

Ahora pregunto menos.

A veces aparece una respuesta. Un vecino reconoce una pieza o recuerda cómo estaba distribuida la casa. Otras veces el objeto sigue donde estaba y uno acaba acostumbrándose a verlo.

Mi relación con las cosas también ha cambiado desde que dejé Valencia. Allí procuraba que cada objeto tuviera una función y un sitio. Cuando algo dejaba de servir lo sustituía. Era sencillo. También tenía la sensación de estar ordenando constantemente una vida que casi nunca estaba en casa para disfrutar.

Aquí no todo necesita justificarse de inmediato.

Eso no significa que quiera llenar la casa de trastos. Bastantes tiene ya sin mi ayuda. Pero me cuesta borrar las pocas señales que dejaron quienes vivieron aquí antes.

No conozco sus nombres. No sé quién guardó aquellas llaves ni quién dobló la factura cuatro veces antes de meterla en el cajón. Tampoco sé por qué nadie tiró la cinta métrica cuando se rompió.

Quizá pensaron arreglarla.

Quizá el cajón era entonces lo mismo que es ahora: el sitio al que van las cosas cuando todavía no estás preparado para decidir qué hacer con ellas.

El otro día volví a abrirlo buscando unas pilas.

No encontré ninguna que funcionara.

Compré un paquete nuevo y guardé las que sobraron en la caja de herramientas, junto al destornillador.

El cajón del aparador lo cerré sin tocar nada.

Autor

  • Quico

    Me llamo Quico. No soy chef, ni influencer. Soy un tipo que trabajé por 30 años como abogado…hasta que me harté. Cambié el despacho por la cocina y que intenta aprender a vivir (y cocinar) de otra manera.

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